Miguel Rosa, más conocido en el mundillo del ciclismo como El niño Rosa, atesoró diversos premios como joven promesa del ciclismo
nazareno (Dos Hermanas), como fue aquel Campeonato de Ciclismo
Amateur de Andalucía por etapas (1954). Esta curiosa historia
intenta recrear aquella época de casi posguerra y el controvertido y divertido final de etapa de aquella carrera ciclista en la vecina localidad de
Los Palacios.
España, 1954
La autarquía cultural del régimen franquista seguía
basada en los principios del Movimiento, que si bien alimentaba el ego de los
vencedores -Guerra Civil Española, Sevilla 1936 - Burgos 1939- aun no dejaba entrever viso alguno de modernidad en un país aun socialmente destruido, territorialmente arrasado y culturalmente
muerto tras la posguerra. Internacionalmente, España sencillamente casi no
existía. Sólo algunos rayos de luz eran lanzados desde y bajo el auspicio de
algunas editoriales filocatólicas y progresistas a la palestra de la literatura
o el periodismo. Cela, Blas de Otero, Ángel González, Gala, Peridis, Forges,
Paco Sánchez, Manolo Silva, etc., algo que fue realmente singular aunque con
muy poca repercusión social, excepto en los cerrados círculos literarios de la
época y fuera del país. El cine, estranguló la cultura andaluza hasta
retorcerla y elevarla a símbolo patrio de una falsa y patética idiosincrasia
nacional, basada en el elemento folclórico sureño de cara al turismo, construyendo a la vez una imagen de puertas para adentro gracias a esa propaganda melosa: la
de un país que se va levantando gracias a la bondad del buen cacique y el
obrero sumiso que trabaja por España. Desgraciadamente, esa falsa idea de
clientelismo paternalista aún perdura hoy día en muchos círculos políticos y
económicos de nuestro país. Los trabajos
del Canal de los presos fueron un buen ejemplo de dicha bondad clientelar de antaño, y las más modernas Rumasa o Abengoa lo
confirmarían a largo plazo.
Sin
embargo, de aquel 1954 …
…se podrían rescatar
algunos hitos musicales que el tiempo no ha sido capaz de borrar u olvidar, como
fueron la música de Antonio Machín, los primeros
discos de vinilo de Fundador o de Los 3 Sudamericanos, o las eternas baladas de
Nat King Cole entonadas con aquel portentoso acento español de Florida. Una de
las nuevas pasiones deportivas admitida y promocionada desde el régimen fue el
ciclismo, que por entonces arribaba a los carteles, periódicos y emisoras radio
y que se hacía cuerpo presente e imagen en los primeros Telefünken con noticias del gran Federico Martín Bahamontes o
del Tour de Francia.
El
Niño Rosa
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| Familia Rosa |
Esmerábase Miguel Rosa entrenando. Se levantaba
antes que saliera el sol y recorría unos 100 kms. al día, lloviera, hiciera
frío, viento, o calor, por aquellas
carreteras de entonces, sin señalización, peraltes, o arcenes, verdaderos
caminos de cabra. Carmona, Lebrija, Morón, Utrera, o Los Palacios, eran sus
pistas de preparación. Aquel verano de
1954, Miguel -que ya le hablaba a su
novia, una guapa chica nazarena llamada
Pepita Castejón - venía de ganar un par
de etapas de las cuatro que componían el campeonato amateur andaluz, una en Bollullos del Condado si no recuerdo
mal, y creo que también la etapa inaugural, que fue una Contrarreloj en la Avenida de la Palmera en Sevilla, aunque no
podría afirmarlo con toda seguridad. Lo que sí recuerdo es que eran excelentes
rivales los que competían junto a él aquel año, como Gómez del Moral, y que
todo el mundo quería ganar por la preponderancia que había adquirido el
ciclismo en el panorama del deporte nacional e internacional. Miguel ya era
conocido por aquellos años como El Niño
Rosa, en referencia a su natalicio, al ser hijo y hermano de José Rosa, José Rosa jr. y Teresa Rosa respecticamemnte, esta
última casada con Francisco Gómez “El Turri”. José Rosa Sánchez, padre de Miguel, estuvo
casado con Elena Alonso Becerra, rellenadora en los almacenes de Ibarra durante
muchos años como tantas mujeres nazarenas, y fue la matriarca de toda esta saga
de nazarenos, y sus nietos, a saber: Fernando José, Francisco, Pepe, Jesús,
Isabel María, Helena, todos nietos de José y Helena, cuyos bisnietos serían objeto
probablemente de otro folio.
Un
misterio resuelto
En aquella última etapa del Amateur del 54, Sevilla-Los Palacios, Miguel se escapó
del pelotón justo antes de comenzar la
recta de Los Palacios, uno de sus lugares favoritos para entrenar, adquiriendo
una notable ventaja respecto del pelotón. El leve desnivel norte/sur del final del trazado le proporcionaría
ventaja como él bien sabía. Pero cual fue la sorpresa del ciclista nazareno al
verse rebasado por un camión en cuya parte trasera iba renganchado un ciclista. El desánimo no pudo con Miguel, que a
los pocos minutos entraba en la meta, pero ya casi llorando de impotencia. Terminada la
llegada de los ciclistas a la meta, con los vítores y aplausos de la
concurrencia palaciega en homenaje al supuesto vencedor- el cual portaba ufano
su copa de ganador- hubiese terminado todo. Pero no fue así. Antonio, un primo
hermano de Miguel, a quien cariñosamente todos llamaban El Chorla, y que era persona ciertamenta fornida, se dirigió al
ciclista tramposo, arrebatándole la copa ante de todo el mundo, y dejando el
siguiente comentario para la posteridad de la comarca: “Trae pa cá, muchacho”. Finalmente, y tras resolverse el entuerto por parte
de la organización, Miguel Rosa fue galardonado, no con una, sino con dos: la de la etapa y la del campeonato.
Al menos las fotos así lo atestiguan.
© Rafael Rosa 2017.



